Es común que ante las situaciones difíciles o traumáticas como una crisis emocional o económica el miedo y la angustia petrifiquen.
Pero bien administrados pueden convertirse en aliados para salir avante de cualquier trance.
Que las oportunidades se disfrazan de crisis, que los problemas son bendiciones camufladas, que a cada quien le mandan lo que es capaz de soportar, que todo está en la mente... En fin, cada quien tiene su propia interpretación de lo que esa palabra representa.
Pero ¿sirven para algo las crisis? Por supuesto, "sirven para medir la gasolina de las personas, de las parejas, de las instituciones y del mundo", se apresura a aclarar Ana Isabel Jiménez, psicóloga clínica que trata a hombres y mujeres a quienes su vida literalmente se puede estar semejando a un corcho en un remolino: gira y gira en la misma dirección, revuelta y sin encontrar la salida.
Estos altibajos emocionales se observan en momentos como los actuales, cuando el planeta atraviesa una crisis económica generalizada y con esta, como en un efecto dominó, se afectan las otras esferas de la vida y comienza un viaje tortuoso por una montaña rusa cargada de miedos, incertidumbre, zozobra, frustración y desazón.
No se quede en los lamentos
Cero frustración
Esta, como las dificultades y los retos, hace parte de la vida y eso es vital entenderlo para aprender a no perder el control en este tipo de situaciones. Ojalá se comenzara desde pequeños porque olvidamos que tenemos dotaciones ancestrales que nos permiten enfrentar las desilusiones, el sufrimiento, reparar y enmendar. Eso es vivir.
Esa voz interior..
Quizá por ese mismo olvido parece que al ser humano le costara ser feliz. "Es posible que suceda porque cada quien está perdido en su plan de vida, en sus objetivos personales pero se conecta y funciona para otros y no se escucha a sí mismo, si está cómodo o no en el trabajo, en la relación, en un vecindario", dice la psicóloga Ana Isabel Jiménez.
No aparente, sea
Otra de las razones para esa angustia existencial y el desasosiego ante una crisis es que el ser humano se deja contaminar de lo superfluo. "Y terminan por inventarse necesidades, lujos innecesarios para aparentar y cuando no los puede suplir, entra en crisis", afirma la terapeuta Olga Susana Otero.
Si está solo...
Como lo decía Antoine de Saint-Exupéry, autor de 'El principito', los amigos, los amores y las redes de apoyo "se cultivan" y eso requiere tiempo, dedicación y disposición. Y no olvide tener una vida espiritual profunda.
Sin sobreactuarse
La actitud es indispensable para manejar con cabeza fría cualquier situación. Ana Mercedes Rueda, guía espiritual que trabaja con ángeles, recomienda no quedarse en los reproches y en preguntas como: '¿por qué me pasa esto a mí?', sino ver la razón por la cual debe vivirse, tener más fe y no sobredimensionar los problemas.
Temores que se pueden enfrentar si se aprende a que cualquier situación, por difícil o traumática que parezca, tiene su lado amable y positivo. "Lo bueno de las crisis es que permiten ver los repertorios adaptativos emocionales, cognoscitivos, físicos y espirituales e incluso algunos antes no percibidos", explica Jiménez. Pero a veces no es sencillo percatarse de en qué momento nos convertimos en el corcho del remolino.
El propio sentir es el mejor termostato de cómo está nuestra salud mental y qué tipo de ayuda se necesita. Creer que somos autosuficientes es como negarse a ir al odontólogo cuando se tiene caries. "Un amigo, un familiar, un consejero espiritual, alguien que brinde confianza y disposición para contarle lo que nos agobia siempre resulta sano, porque es indispensable darle una mirada objetiva y de 360 grados a cualquier situación", aconseja Olga Susana Otero, terapeuta. Lo importante es entender las crisis como oportunidades disfrazadas. No se trata de ser idealistas o excesivamente prácticos, sino de saber que estamos equipados para los cambios.
Hay salidas que no deben existir solo por la crisis sino que se deberían seguir a diario porque ayudan a tener salud mental.
La pobreza es la madre de la recursividad. Por eso, si su bolsillo es el primer afectado con la crisis, ingéniese planes económicos pero divertidos. Planee caminatas a parajes ecológicos, que además de que le fortalecen el alma y el cuerpo le ahorran dinero. Vuelva a contar cuentos al calor de una vela, fomente el trueque entre su grupo de amigos, organice un cineclub en su casa con palomitas de maíz y que todos los asistentes lleven algo.
Haga uso racional de sus recursos. Actúe con sentido común. Dígales no a las tarjetas de crédito y chequee sus necesidades reales.
Por Flor Nadyne Millán M. Tomado de Revista Carrusel Bogotá