Dios es un Dios de diseños y para poder disfrutar de todo lo establecido en esos diseños debemos depender del Espíritu Santo quien nos guía a toda la verdad, y es la verdad divina la que nos hace libres y esta libertad es la que necesitamos para encarar sanamente la vida sexual en el matrimonio.
Después de la creación del hombre y la mujer Dios da un dictamen sobre su creación, Génesis 1:31 …“Y vio Dios todo lo que había hecho y he aquí que era bueno en gran manera…,” el hombre cuando fue creado tenía sus órganos sexuales con sus diferentes funciones, ya que no solo son órganos reproductores, las funciones de la sexualidad humana son: unidad, placer y reproducción.
La relación sexual marital provoca una unidad que no la brinda otra experiencia, es fundirse en uno solo en el momento del clímax, se pierde la conciencia individual y se fortalece el ser uno, esto está contemplado en lo que Adán proclamó en Génesis 2:24 … “serán una sola carne”. Y el apóstol Pablo en 1 Corintios 7:5 exhorta a la pareja cristiana a no descuidar la intimidad que lleva a fortalecer el ser uno solo, “… volved a juntaros en uno…” La incontinencia atenta contra la unidad de la pareja y puede dar lugar al enemigo. Un consejo popular dice: “los problemas de pareja se arreglan bajo las sábanas”, en el cual se reconoce el fruto de unidad que deja la relación sexual, pero lógicamente si no se añade diálogo y cambio de actitudes este consejo se queda corto en la verdadera solución de problemas maritales, pero hay que reconocer que después de una relación sexual hay una mejor disposición entre la pareja, se sienten más cerca el uno del otro.
Hablar de placer en la relación sexual en el matrimonio debería ser algo normal pues es una de las funciones de la sexualidad humana como se mencionó anteriormente, pero durante años los valores cristianos han sido permeados por cierto puritanismo que ve el goce sexual como algo pecaminoso ignorando lo que la misma Biblia dice al respecto, pues su prohibición está dirigida a las relaciones sexuales prematrimoniales o extramatrimoniales.
El conocido autor Tim La Haye en uno de sus libros hace la siguiente pregunta: “¿Qué Dios sería Aquel que se empeña en equipar a sus criaturas especiales con una actividad, dándoles los impulsos necesarios para consumarla, y luego prohibir su uso? Mirándolo objetivamente la sexualidad fue dada en gran parte para el gozo conyugal”.
En Cantar de los Cantares 7 se narra el deleite de la pareja en el disfrutar mutuamente el uno del otro durante contacto físico y el gozo de que en la intimidad que disfrutan tengan contentamiento mutuo (placer), y un anhelo de darse el uno al otro. En los versículos del 1 al 9 el esposo le dice cuánto disfruta físicamente de ella y ella en el versículo 10 se goza en saberse de él y que con ella tenga contentamiento (placer), ella lo disfruta y aún propone una salida romántica que culmine con un encuentro íntimo versículo 12 “… allí te daré mis amores.”
Lo descrito anteriormente es lo que se conoce como apetito sexual en la pareja, que es algo normal y que marca la tendencia al acto sexual y frecuencia con que cada pareja tiene relaciones sexuales, el apetito sexual es una manifestación de salud sexual al interior de la pareja, este apetito va variando y cada pareja lo debe vivir de acuerdo a su realidad, no es lo mismo unos recién casados que una pareja con 10 años de matrimonio, no hay una regla de cuantas veces a la semana o al mes es lo adecuado, lo importante es no dejar apagar el apetito, como el mismo apóstol Pablo exhorta a no dar lugar a la incontinencia, “celibato matrimonial”.
Hay varios factores que ahuyentan el placer sexual en el matrimonio, uno de ellos es el temor al embarazo no deseado, si no se han tomado las medidas anticonceptivas adecuadas, en la relación estará el fantasma del posible embarazo lo que quita toda libertad y gozo en la intimidad. Hay varios métodos anticonceptivos que no son abortistas y que no necesariamente van dirigidos a la mujer, también los hay de uso masculino, lo importante en un mutuo acuerdo sin imposiciones, decisiones en amor mutuo.
Otro factor que atenta contra el placer es la ignorancia sexual, tanto el desconocimiento del propio cuerpo, como el del conyugue, y la reacción a los diferentes estímulos, por ejemplo un hombre tiene una respuesta más visual, el cuerpo de su mujer desnudo o con prendas sensuales lo encienden rápidamente, no es pecaminoso para la mujer tomar la iniciativa y comunicar sus deseos, seducir a su esposo, aún cuando ella normalmente desea más ser seducida, pero valen la pena las sorpresas. Proverbios 5:18,19 muestra a una mujer que no es pasiva en el placer conyugal.
En cuanto a la respuesta de la mujer, ésta es más romántica, responde a palabras cariñosas y caricias, de ahí la importancia del juego previo, el hombre debe aprender a controlar su explosividad y concentrarse en su esposa, la mujer debe tener la libertad de ir comunicando que le agrada y que no, e ir marcando los tiempos.
El cuerpo humano está dotado de zonas de placer (erógenas) como diseño de Dios, que muchas veces por egoísmo que es otro factor que atenta contra el placer, no se toma el tiempo en descubrir esos disparadores del placer en el conyugue. El egoísmo se manifiesta en el ignorar en mi cónyugue sus gustos y necesidades y buscar solo mi satisfacción.
La rutina es otro factor que arruina el disfrute sexual, los mismos días, a las mismas horas, en el mismo lugar y con las mismas acciones, no es pecaminoso llevar innovación a la intimidad, y no estoy hablando de caer en la pornografía y repetir lo inmoral que allí se muestre, lo cual sería muy degradante para el sano amor sexual en el matrimonio.
Mucho se discute si es válido variar posiciones para el acto sexual, lo cual se puede hacer sin caer en aberraciones o puro malabarismo sexual, una variante sana es la mujer encima del varón, lo que le brinda a la mujer la oportunidad de controlar los ritmos de la relación y obtener más placer, hay libros de autores cristianos que explican las alternativas incluidas posturas para las relaciones durante el embarazo.
El órgano sexual más importante como mucho se ha dicho es el cerebro, con su función de la mente donde esta nuestra actitud hacia la sexualidad y entre más la enriquezcamos con la verdad y reales valores bíblicos estaremos llevando bendición a nuestra intimidad.
Y por último mencionar que el principal o verdadero afrodisiaco para las relaciones sexuales es el amor, un amor fresco, maduro y comprometido siempre va a provocar una respuesta entusiasta hacia el conyugue y de éste hacia mí. |